Música desnuda es NAKED MUSIC. El sello creado por el productor Jay Denes a finales de los noventa, a medias con David Boonshoft, en Nueva York. Retomando el nombre de un EP producido por él mismo en 1995, y llamado Naked Music NYC (Ton-A-Records). Desde la aparición de su primera referencia "Breakin' It Down" de Petalpusher, y sobre todo con "Music and Wine" de Blue Six (otro alter ego de Denes), las siglas NM se convirtieron en una alternativa al soul house neoyorquino de la familia Masters at Work, con una propuesta de glamour (con portadas de fantasía, mujeres desnudas y colores pastel) y sonidos algo más electrónicos y suaves.Curiosamente, Blue Six se convirtió en el mayor éxito de ventas del sello, y con el album Beautiful Tomorrow lograron un hito en ese sonido, machacado en sus sesiones por el dj Miguel Migs. Así como una serie de recopilatorios y sesiones (Nude Dimensions) que exportaban ese variante, digamos chill house, de esta (a veces) despreciada familia.
La verdad es que, "Music and Wine" es desde su aparición uno de mis temas favoritos de deep house. Una delicia de bajos tonos, ritmos suaves y pegada funk. No puedo decir lo mismo de todas las producciones de NM, aunque algunos momentos de Petalpusher han sido terriblemente contagiosos. Si que es cierto que el sello ha sabido subirse también al sonido nu wave y nu disco con los recopilatorios Lost On Arrival, pero últimamente la casa andaba un poco perdida.
Salvo joyitas como el Trentemoller EP ( NMS025) o el 12" de Owusu & Green Nevermore, se les veía un tanto despistados. Así que, el inventor de todo este asunto, Jay Denes, se sacó de la chistera un pseudo Blue Six. Me refiero al larga duración de Aya, Strange Flower. Una especie de Sade de nueva era, con los guiños y parafernalia de producción de la casa, aplicados al tono más meloso y lo-fi del estilo. Una clásico de chill out y after dinner.
Pero, de una vez por todas, ha llegado el segundo trabajo de Blue Six. Se llama Aquarian Angel, y es la constatación del triunfo del blandiblub del sello, por encima de los tonos elegantes de deep house de sus inicios. La cosa es un pinchazo morrocotudo. Es un paso más allá de lo excarbado por Jay Denes en el álbum de Aya (que colabora aquí), pero con menos tino aún. Todo se queda en unos balanceos de olas, unos esbozos de percusión y gemidos con rever, y una sensación de deja vu y aburrimiento insalvable. Todo impecablemente registrado y presentado. Pero, ¿para que envasar el vacío?
Tendré que revisar por qué demonios me gustaban estas producciones...

