lunes, abril 28, 2008

Electrónica en Abril // La Casa Encendida

La cita electrónica primaveral de La Casa Encendida se celebró este pasado fin de semana con regularidad golondrina. Como es costumbre también se colgaron los carteles de "todo vendido", aunque la gran mayoría de los asistentes desconociera el qué y el cómo de los artistas programados. Eso a pesar de que el número de enteradillos de las escenas alternativas cada vez es mayor y uno (por yo mismo) puede encontrarse en el gentío de tu propia fiesta casera quien se acerque y te pida Kalabrese... No puedes menos que pensar: o somos más cultos que nadie o las descargas masivas si que se están engrandeciendo las referencias del público.

Pero posturas esnobs aparte, hay que reconocer el triunfo de una propuesta que combina curiosidad, precios bajos en las entradas y la palabra fetiche de nuestro tiempo musical: electrónica. Aunque se podría decir que algo similar es aplicable al otro ciclo heterodoxo musical de LA CASA, el llamado Experimenta. Por mi parte, estuve presente solo en dos de los conciertos dobles del fin de semana. Por un lado, el viernes tarde en el programa Boxcutter más Jackson And His Computer Band. Una cita que se preveía de laptopismos varios y no falló. Loops, efectos, cajas programadas y algo de instrumentación para ese género de live electrónico consistente en ver a nuestro duendecillo de turno atareado entre botones, clics, cables y faders. Se oye lo que se escucha sin saber nunca a ciencia cierta cuanto de verdadero trabajo se está sudando. Algo sabemos, algo se ha aprendido en el camino, y Boxcutter intentó incorporar instrumentación al asunto con un arranque hombre-orquesta en el que luchó por aportar notas desde su bajo eléctrico, para acabar abandonándose a las bases y efectos de software. Todo ello entre atmósferas a la mode y oscuridad de tendencia.

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Jackson And His Computer Band - o como dice mi amiga Raquel, Juan Palomo Yo Me Lo Guiso Yo Me Lo Como -, salió sin medias tintas. Despatarrado en la más pura línea Status Quo, arropado por la misma juguetería laptopista, se lanzó a por sus 60 minutos con ánimos de sacudir el patio y a ese público madrileño siempre dispuesto a "la caña". Compulsión rítmica, ambiciones ambientales y corazón techno para un set de corta y pega muy inspirado en los calores del club y el eclecticismo más escandinavo de apóstoles como Hulkkonen. Diversión olvidadiza pero al menos pulso caliente.

El sábado tarde mi cita era, como muchos, con The Bug. Un personaje que ha sido sabiamente retratado en el último número de SERIE B, y que pasa por ser uno de los pocos seres musicales genuinamente underground en lo que hace. Por méritos musicales, por falta de ambiciones y estrellato y por anclaje apasionado a los sonidos más puros de la orilla izquierda de la electrónica negra. Es decir: me cae bien. Compartía cita doble con el citado Kalabrese en un orden de concierto que debería haberse organizado al revés. La soporífera y escasa propuesta de la pseudo banda del des-kalabrado artista nos hubiera servido para acompañar la charla y el bocata, para haber cerrado la velada con la descarga de dub potente y oscuro del bichejo, y su mc Warrior Queen. No al revés: por ese salí huyendo del set de K...

The Bug exhibía flequillo imposible, dos platos, un secuenciador y algún aparato más que no llegábamos a ver, para despachar un live callejero, barriobajero y caliente no sólo por la presencia de la mc jamaicana - empeñada en gritarle a The Bug que le bajara de nivel a su música - sino por su convincente actitud de fiesta, improvisación y contundencia sin chulerías ni macarradas. Es una lástima que la voz de la reina estuviera un poco más caída de lo esperado y que desfallecieran un tanto en los diez minutos finales.


En resumidas cuentas, una vez más, la música de raíz y alma vencieron a la compulsión y la descarga, en un par de tardes de abril. Del domingo, ya me contaréis...

viernes, abril 25, 2008

CONNIE PRICE AND THE KEYSTONES : TELL ME SOMETHING w/ INSTRUMENTALS

Debo confesar que, aún siendo un amante respetuoso de la escena hiphop, soy mucho menos que un fan entregado. Observo atento lo que pasa, escucho, rastreo y muy a menudo encuentro joyitas dentro y fuera del rap global, mayoritariamente estadounidense, y no desisto en los intentos. Mis gustos son claros: bases contagiosas, flow creativo y de escritura culta, música ante todo. No es el caso de hacer el repaso pero bastaría decir que pocos superan el listón alto y distante de The Roots.

Pero estamos viviendo buenos tiempos en el lado izquierdo de la carretera. El paisaje que se puede observar desde el centro del asfalto musical debería animaros a parar y escuchar. Y el motivo de todo este discurso que os estoy soltando no es otro que la admiración y felicidad con que llevo escuchando desde hace un par de semanas el primer álbum de Connie Price & The Keystones: Tell Me Something (en Ubiquity, ¡cómo no!). Un excelente Lp doble en el que, en dos propuestas, podemos dejarnos contagiar del alma diabólicamente funk de sus creadores Dan Ubick (Breakestra, Madlib’s Sound Directions) y Todd M. Simon (Macy Gray, Antibalas, El Michels Affair). Digo dos porque, su trabajo de composición soul-funk, empapado de sabores vintage y homenajeando todos sus antecedentes y mitos eclécticos que ellos admiten van desde Jorge Ben a Can, entre decenas de citas y guiños, se nos presenta en el lado puro instrumental (que funciona maravillosamente por sí mismo), y el festival de colaboraciones vocalistas y recitadas de gemas como Aloe Blacc, Percee P, Ohmega Watts, Soup – de Jurassic 5-, o Wildchild. En resumidas cuentas: una descarga de energía e inteligencia futuro-revivalista.


jueves, abril 24, 2008

Benga / Diary of An Afro Warrior

Por fin retomo mis entradas tras unos días de intensa abducción por las fuerzas del vídeo comercial. Aunque no del todo tranquilo porque mi casa ha sido invadida por un comando polaco decidido a devolver a mis paredes el blanco original. Así que mientras de fondo escucho el martilleo constante de lo que, en versión original, deben de ser unas anécdotas desternillantes, mi único contraataque posible es Benga y sus sintes ácidos y los bajos químicos sin piedad.

Supongo que muchos de vosotros estaréis viviendo con gran distancia la revolución que supuso para la escena underground inglesa la ola del grime y el dubstep. Un sonido barriobajero y low class por definición, casi con olor a instituto y jardín trasero. Muy parecido a lo que fue el fenómeno jungle y los abstract beats de principios de los 90, esta escena nace con pedigrí para separarse de los mayores (todos nosotros treintañeros) y reafirmarse en su juventud y anarquía.

Pero más allá de los análisis sociológicos, en un momento en que los trendmakers y algunos de los protas del sonido empiezan a avisar de su final (todo movimiento inglés que se precie no vive más de 5 años), Benga & Coki nos lanzaron a finales de 2007 el tema de inflexión de esta corriente: "Night". Una locura de cajas twostep, sintes grime y un alma negrísima de músculo jungle. Lanzado en febrero de esta año por Tempa, el previo en etiqueta blanca del maxi arrasó en pocas semanas todos los clubes tanto del movimiento dubstep como de cualquier dj crossover que se preciara. Y con derecho propio.

Así que en cuanto me enteré de la aparición de su álbum corrí hacia él como quinceañero frente a un BigMac. Y no ha decepcionado en absoluto. Es más: puede tratarse de uno de los trabajos capitales del sonido (junto a Skull Disco, y The Bug). Ha sido publicado la primera semana de marzo y puedes echarle el guante sin problemas en tu tienda de importación / on line de confianza. Se ha hecho incluso una edición limitada (en tirada y temas) de 3 vinilos.

martes, abril 08, 2008

Svensson & Mehldau

Dicen los amantes propios y ajenos del jazz mainstream actual que no son buenos tiempos para el género. Más allá de las consideraciones meramente comerciales (más de dos terceras partes del negocio de esta música están en manos de grandes corporaciones: en el caso del negocio total 4 empresas se llevan el 90% de la facturación) se habla de una cierta crisis de contenidos. Todo ello me suena a cantinela conocida.

A finales de los años 60, con la explosión y consolidación del pop-rock, el jazz estaba moribundo, desorientado y malconsiderado. Los grandes talentos norteamericanos buscaron refugio en Europa, en sus sellos, festivales y audiencias. Cuando muchos lograron pasar por el desierto de los años 70, algunos intentando desesperadamente seguir la estela inconformista, eléctrica y pop de Miles Davis, y cuando en los 80 el jazz volvió a ser cool ponerse el traje con corbata (sobre todo por el revival talibán del clan Marsalis) la industria volvió a respirar. Todo esto, va camino de repetirse.

Últimamente pasan los meses a golpe de necrológica de maestros de la vieja generación del jazz pionero. Cierto es que muchos siguen en forma y peleones (en noviembre pasado tuvimos al eterno francotirador Ornette Coleman en Madrid) pero han desaparecido algunas de las estrellas de antaño. Quedan, como aquella otra vez, los pianistas. Siguen Keith Jarrett, Chick Corea, etc. Ellos son, por desgracia, junto con las cantantes de vino y velas, el comodín masivo del público accidental del jazz.

Pero hay vida. Es el caso de dos de los pianistas mainstream más populares del género: Brad Mehldau (EE.UU.) y Esbjörn Svensson (Suecia). Ambos capitanean sendos tríos de formato firme y bien anclado a la personalidad de sus capitanes. En el caso de Svensson, el formato firma sus apariciones en vivo y las grabaciones como E.S.T. (acrónimo de Esbjörn Svensson Trio, pero a la vez guiño pop de intenciones de los músicos). El trío sueco lleva algo más de 15 años ofreciendo una seria alternativa a los intentos fallidos de muchos pianistas de aunar el universo del pop y el jazz, sin renunciar a las aspiraciones de un género culto por definición. En concreto, incorporar bases rítmicas binarias, casi dentro del puro rock, con aderezos electrónicos (pedales, loops, distorsiones), y a veces guiños al minimalismo o impresionismos satianos. Todo ello con una eficacia y ánimos de diversión que les han convertido en uno de los tríos favoritos del momento, con directos imprevisibles y llenos de aquellos solismos adolescentes de las bandas de rock, pero con tanta juerga que poco importa si en momentos la cosa está a punto de desmoronarse . Esto se puede comprobar en el doble álbum recién editado por el sello independiente ACT bajo el título de "E.S.T. Live in Hamburg".

Pero justamente ha salido también a la venta el esperado nuevo disco en vivo del trío actual de Brad Mehldau: probablemente el más importante pianista de jazz de los últimos años, por méritos no necesariamente musculares, sino precisamente por su demostrado inconformismo y garantía de experimentación continua. Digo "trío actual" porque se trata de una formación que trata de echarle el pulso al ya mítico tres construido con Jorge Rossy y Larry Grenadier. El batería catalán fue sustituido por Jeff Ballard (con buen tino) y tras un trabajo en estudio (Day Is Done, 2005) llegó la hora de la reválida: el documento en directo.

Brad Mehldau Trio Live, subtitulado por los etiquetismos de comercio como Live At The Village Vanguard, es un trabajo impecable. Más allá de las capacidades demostradas de Mehldau de adentrarse en los bosques del pianismo más elevado (24 minutos de "Black Hole Sun"), o su tremenda inspiración para apropiarse como ninguno del repertorio pop (excelente versión de "Wonderwall" de Oasis), Mehldau es el único representante del piano jazz nutrido en la tradición y la formación de universidad que aporta nuevas luces al formato. Por arriba y por abajo. Es, lógicamente, una de las pocas estrellas del género, pero lo es además por razones de peso.

martes, abril 01, 2008

Jamie Lidell, como en casa con "Jim"

Ya lo sabíamos: Jamie es el rey del postcrooner. Es decir: en vez de jugar a los guiños que hacen gente como Harry Connick Jr, o el bastardillo de Jamie Cullum, este otro "jaime" mete en la batidora sabores de electroduende, especias de soul revival, y arreglos imprevisibles para, al final, cocinar un producto de pop casi perfecto para los tiempos que corren.

Este nuevo álbum de Jamie Lidell es, como se sugiere con el título, una especie de "private sessions", ahondando aún más en sus devaneos de cantante feliz, incluso baladista mainstream. Dice que Jim es como le llaman los amigos, así que este trabajo sería algo así como un "va por mis colegas" (esto último lo digo yo, claro).

Aunque podamos echar de menos las locuras abstractas y electrónicas de los primeros tiempos de Lidell, y gran parte de su anterior LP "Multiply", en resumidas cuentas hemos ganado un gran vocalista. No tanto por potencia o recursos, sino por olfato y tono. A medio camino de Jamroquai y Jeff Buckley o incluso Terence Trent D'Arby, el británico se despacha en diez cortes con lo que serán bombas de club (Little Bit Of Feel Good es el primer single) y metralla segura de radios (Another Day, Wait For Me...).

El año va a tener gracia: unos cuantos van a descubrir a este chico guapetón y travieso, y si mis predicciones no me fallan, se repetirá el fenómeno de premios, conciertos y fiebre mediática de la querida Amy. Claro que, éste no se coge pedos cuadrados y monta broncas. Cosa mala, Jim, si no eres carnaza de tabloides y cotilleo, no eres ni chicha ni limoná... No para nosotros: estamos encantados de tu fiesta.

¡Bravo! Ahí os dejo al superfreak en acción: